miércoles, 6 de junio de 2007

Sean McNamara

Sean es el marido de Julia. Es un hombre obsesionado por hacer lo correcto y porque los demás lo hagan; y frustrado por sus elecciones, que a menudo no sólo no fueron correctas sino que le desviaron del buen camino, o eso cree él.

A Sean le hubiera gustado ser un médico sin fronteras. Le hubiera gustado tener una mujer fuerte y comprometida. Le hubiera gustado que sus hijos no se volvieran contra él (y a quién no). Le hubiera gustado respetarse y ser respetado. De ahí que sus aventuras con distintas mujeres pongan siempre ese contrapunto a su relación con Julia: Megan, la enérgica mujer enferma de cancer; y Nikki, la testigo protegida. Historias surrealistas, absurdas, en las que Sean busca el refugio del respeto otorgado sólo durante un tiempo muy breve. A Megan la ayuda a morir; a Nikki (interpretada, por cierto, por la inefable Anne Heche) le cambia la cara (literalmente) y la ayuda a escapar.

La primera imagen de Sean es devastadora: él y Julia follan de forma tan rutinaria que asusta. La imagen está diseñada para asustar: Sean hace esos movimientos ridículos de ratoncillo que se mueve en busca de la mínima satisfacción personal. La imagen se combina con la de Christian, follando como un dios. Por supuesto que hay una manipulación, la que establece cualquier guión cinematográfico, pero esa manipulación da un inicio a una historia llena de recovecos y donde los personajes nos dan continuamente esquinazo.

Hay un par de momentos de Sean que considero básicos. Al fin y al cabo, Sean es el héroe moral de la serie, con todo lo que aquí tiene de retorcido. Cuando Sean y Julia entran en crisis, Sean se vuelve desagradable, sarcástico, hiriente. Todo aquello que nunca se atrevió a ser. Le dice a Julia que se ha cansado de ser agradable, que eso no le ayudó en nada. Julia le contesta que nunca fue agradable, que sólo fingía serlo por miedo a ser él mismo. Y, en ese punto, cuando Sean se enrolla con la actriz porno Kimber al ser verdaderamente agradable con ella tal vez por primera vez en mucho tiempo (hay una escena maravillosa que implica la vagina de Kimber Henry), conocemos al verdadero Sean y su capacidad para la heroicidad cotidiana.

La segunda temporada de la serie termina con la pose heroica de Sean, pero la tercera vuelve, una vez más, a darle la vuelta. Es cierto que Sean tiene una profunda dimensión moral, pero ésta se pone continuamente en cuestión y desvela sus aspectos más rígidos y desagradables. Pongamos el comportamiento de Sean con el odioso Quentin, por ejemplo. Quentin es el alter ego de Christian: perverso, cínico, juguetón, bisexual y completamente amoral. Es natural que Sean le odie y que no le comprenda. Sin embargo, pocas escenas resultan más desagradables que aquella en la que Sean pretende despedir a Quentin de la clínica MacNamara/Troy, en la que Quentin ha estado trabajando como asistente. Le acusa de un comportamiento sexual inadecuado (Quentin se ha follado a un paciente) que tanto él como Christian han compartido en múltiples ocasiones; la violencia verbal de su chantaje asusta en ese momento mucho más que la vacía amoralidad de Quentin. Su tratamiento de la sexualidad de Quentin tiene un efecto extraño en el espectador: por un segundo sentimos no sólo compasión por el ajeno Quentin, incluso le debemos la admiración que jamás podrá recibir Sean en mil años.

Nip / Tuck no es una serie realista. Sin embargo, Sean parece un personaje real.

1 comentario:

Di Blasino dijo...

Felicidades, My Blue Eye.
Has despertado en un retirado de la TV la curiosidad por la serie.
Ya tienes el primer milagro para la canonización. Creo que te faltarían dos.
Un saludo y adelante con tu blog.