sábado, 2 de febrero de 2008

¡Otra vez!

Hoy es el día de la marmota en Punxsutawney, un pueblo de Pennsylvania. Unos hombres vestidos de una manera muy rara, de oscuro y con chistera, sacan a una marmota que se llama Phil a oler el aire, y según se comporte de una manera o de otra esos hombres adivinan lo que la marmota sabe, a saber: la duración del invierno. Puedo asegurar que en Pennsylvania hace mucho frío todavía, y eso que no soy muy marmotilla.

En Atrapado en el tiempo, cuyo título original es Groundhog Day, Bill Murray - un actor que no comenzó a ser respetado por los bienpensantes hasta que trabajó en Lost in translation - interpreta a un hombre del tiempo antipático y vanidoso que se ve condenado a repetir día tras día la retransmisión del día de la marmota en Punxsutawney. Al parecer, alguien le ha castigado por su mal comportamiento, pero nadie le ha dicho por qué, cómo y cuándo podrá redimirse. Todo lo que parece saber es que podría llegar a redimirse. Aunque bien podría tratarse de un mero error temporal, de un eterno retorno al mismo día. Pudiera ser que, al final, este bucle solamente debiera recibirse con un ¡otra vez!, como diría Nietzsche lleno de jovialidad.

En efecto, el hombre del tiempo aprovecha la ocasión en casi todas sus variantes. En medio de la desesperación existencial, trata de suicidarse y trata de llevarse con él a la marmota. Alegremente, se dedica a seducir chicas guapas. Ofrece caridad a los desamparados. Insulta y pone zancadillas a aquellos que le molestan. Se entretiene enamorando a la mujer que le gusta y que parece odiarle. Hace amigos. Hace enemigos. Pero todos los días se despierta con la misma canción de Cher y Bono. Asco, aburrimiento, náusea, placer, caridad, amor, alegría: todo pasa a través de él.

Como la película es una comedia de Hollywood, y por cierto muy agradable, al final adivinamos la respuesta del acertijo: ¡es el amor! Pero ¿por qué el amor, antes, no ha funcionado? Porque no había alegría en él, porque el penitente no acababa de encontrarle el gusto a la cosa. Sólo hacía falta aceptar el destino de vivir el mismo día una y otra vez y amar ese día - no sólo a esa mujer - con tranquilidad, sin esperar ya nada de él. Amor Fati, aunque al final el guionista le enmiende la plana al loco Nietzsche: hay un día siguiente.

Jamás una película trivial y digna de la industria cultural del entretenimiento masivo le puso mayores trabas a la filosofía existencialista (que, además, bebe necesariamente de Nietzsche). Hoy me he levantado con ganas de volver a ver esa película.

7 comentarios:

Di Blasino dijo...

Veo que no hay manera de evitar la deformación profesional, je,je.

Tengo un buen recuerdo de aquella película, pero no sé qué pasaría si volviera a verla.

Juliiiii dijo...

Esa peli está genial, siempre que la pillo por la tele me acabo enganchando y Bill Murray está genial y todas las variantes que se suceden en ese delirante día son muy cachondas.

Pero anda que tú también, enmendarle la plana al feliz final... Así no te me vas a convertir en una autora fenómeno de masas :p

¡Un besote!

Juanqui-Tonqui dijo...

Pues me ha picado la curiosidad, tendré que ver esa peli, parece intresante.

¡Besitos guapa!

my blue eye dijo...

Pero a mí me parece maravilloso que le enmienden la plana a Federico, Juli, aunque es cierto que me parece una especie de giro teológico.

Di blasino: Yo no tengo la culpa de que Harold Ramis, Friedrich Nietzsche y Spinoza hablen de lo mismo, jejeje.

Vuelva a verla y me cuenta.

Juanqui: creo recordar que la peli es del 93, de cuando éramos tiernos.

Klimmt dijo...

Creo que cada dia que pasa es un dia de la Marmota, pero no le damos importancia. Cada dia tenemos una oportunidad de cambiar nuestro futuro mas inmediato....
y seguimos sin aprender... ainsss ¡¡¡

Pues es verdad que esta pelicula, vendida como una mas "de humor", tiene su parte filosófica.... el "continuum"....(o algo asi, no?)

Jose dijo...

Pues no he visto esta peli, jaté.

MadRod, ErRó dijo...

Como tenía bastante poca idea de filosofía en COU, cometí la locura de responder con un "NADA", así, en letras capitales, a un examen con una única pregunta: "El existencialismo". Si mi profesor no tuvo más remedio que ponerme un sobresaliente, será porque a este hombre es demasiado fácil enmendarle la plana.
Pero bueno, supongo que tú ya te has hecho una somera idea sobre mi opinión sobre la Filosofía con mayúscula... Ayns!