viernes, 14 de diciembre de 2007

Miedo y determinación en los ojos de Clarice Starling

Por alguna razón, el lesbianismo de Jodie Foster es algo que los periódicos encuentran interesante, a tenor de la cantidad de artículos que estoy leyendo cada día sobre sus declaraciones. Pero da la casualidad de que ayer volví a ver El silencio de los corderos, una película que vi con dieciseis años y que me dejó totalmente entusiasmada. Por aquel entonces yo era una fanática del cine, dogmática y terrible: iba al cine religiosamente todas las semanas, en eso gastaba mi paga y, por supuesto, tenía el descaro adolescente de comparar la sala de cine con un templo porque coincidió más o menos con el momento en que decidí que era atea y nihilista, tras la lectura de Crimen y castigo, de Dostoievski. Cosas de la edad (y qué más da, ja, ja, ja).

Fui al cine con mi madre, que no estaba muy convencida de que aquella película fuera "para niños" pero que se dejó convencer porque mis padres siempre fueron débiles; quedé tan impresionada que volví a verla con mi padre unas semanas después. Y, claro, mi padre era mi compañero de hazañas en esas cosas: no sólo toleraba con cierta ternura mis declaraciones de ateísmo nihilista, también le gustaba compartir el entusiasmo pedante y era tan ingenuo, incluso más ingenuo que yo para ello. Así que compramos la película en vídeo y volvimos a verla muchas veces. Nos sabíamos algunos diálogos de memoria y recitábamos las palabras como lecciones, como lemas de la vida diaria: vuela, vuela, pajarillo, decíamos con una sonrisa cómplice, me comí su hígado acompañado de habas y un buen quianti, ffffffff (ese sonido sibilante era verdaderamente difícil de reproducir), no hay un nombre para lo que él es, Starling, Clarice, dirán que estamos enamorados, ese bolso bueno y esos zapatos baratos, a veces L'Air du Temps pero no hoy, tengo a un amigo para cenar. El tiempo pasó y mi padre ha muerto, pero yo compré la película en DVD, en Edición Especial, aunque en todos estos años no he sido capaz de verla: me la sabía demasiado bien. Las bromas perdieron el aire ingenuo, se convirtieron en puras pedanterías, ya no tenían gracia.

Vi Hannibal y era un desastre. Vi El dragón rojo, que era aburrida. Faltaba algo. Ayer puse de nuevo la película: todos estos años habían servido para desentrenarme y me atenazó como siempre, pero sin que hiciera falta recitar las antiguas lecciones. Michelle Pfeiffer había rechazado la película porque era demasiado macabra; es lógico, lo es, hay pieles rasgadas, tripas que están fuera de la barriga, un hombre tiene a una mujer en un pozo en cuyas paredes hay sangre y uñas rotas, Hannibal es un Caníbal, todo es muy desagradable. Jodie Foster, la niña puta de Taxi Driver, aceptó hacerla. Dicen de ella que es perfeccionista pero fría, quiero decir como actriz. Quien lo dice se perdió esta película, su cumbre: en la primera entrevista con Hannibal, la voz de Clarice tiembla, su cuerpo duda; pero mira a los ojos al hombre para el que no tenemos un nombre, está decidida. Y él lo sabe, por eso le gusta, por eso hay historia. Los corderos llevan berreando todo este tiempo.

9 comentarios:

Di Blasino dijo...

-Primeros principios, Clarice. Simplicidad. Lea a Marco Aurelio.

“Alejandro, César y Pompeyo ¿qué fueron en comparación con Diógenes, Heráclito y
Sócrates? Éstos vieron cosas, sus causas, sus materias, y sus principios guías eran
autosuficientes; pero aquéllos, ¡cuántas cosas ignoraban, de cuántas cosas eran esclavos!” (Marco Aurelio – “Meditaciones”).

Perdón por la pedantería. No es más que un corta y pega en sincero reconocimiento de su buen gusto cinematográfico. Salud.

Nootka dijo...

Mi orgullosísima pedante: escribe usted de maravilla. Yo, he de reconocer, sólo la vi una vez, pero me la has vendido tan bien: tripas fuera de barrigas, pozos llenos de sangre..., que tengo que volver a verla.
Besos.

MadRod, ErRó dijo...

No he llegado a aprenderme los diálogos, más que nada porque nunca llego a aprenderme nada (mis neuronas ya no son lo que eran) pero tengo imágenes grabadas en alguna circunvolución de mi maltrecho cerebro. El perrito, el ángel destripado, la búsqueda con visión nocturna, la nariz de Hannibal olisqueando como si le hubieran traído una copa de vino.
Leí "El dragón rojo" cuando llevaba braguitas y estuve soñando con cabezas embotelladas durante semanas. Es lo que tiene que un buen elenco de profesionales trabaje sobre un buen escrito.

Irene dijo...

Gran película.

(Sí, he vuelto a la vida. Aunque supongo que todo es cuestión de por dónde se mire.)

Un abrazo :)

Juliiiii dijo...

He estado un poco en off estos días, pero había que declarar antes de acostarme que esta entrada ha sido una de las que más me han gustado de las que has escrito. "M'a llegao dentro!" (necesito vacaciones o empezaré a escribir vacaciones con 'b' o cosas similares...). Ah, no digo esto porque haya que felicitarte de nuevo y lo sabes ;-)

Treinta (;-) besotes!!!

Nootka dijo...

¿treinta?
no sé, no sé
yo creo que ha sido alguno más.
ayyyyy
me acuerdo cuando te llevaba al colegio de la mano
;)

Goriaïnoff dijo...

Chianti con "Q"....¿?

viagra online dijo...

hahaha buenisimo parece esa parodia de ese padre mexicano que quema cartas de juego de yu ig oh y dice que son pokemon hahaha
Buen post +10!

Anónimo dijo...

Hola, he llegado aquí de rebote. Hoy he visto la película de nuevo después de 12 años. He saboreado otra vez cada fotograma, cada diálogo. Al final, buscando información sobre los primeros principios de Marco Aurelio, he acabado aquí.¿Y por qué escribo todo esto? Podía haber empezado por aquí: escribes muy bien. He leído con auténtica expectación cada línea. Tómatelo como un fiel cumplido.¡ Una persona a quien le gusta Marco Aurelio y El silencio de los corderos no puede estar equivocada! Hahaha Espero leerte más. Ciao