
La filosofía se origina en la Grecia clásica. Significa el amor a la sabiduría (filo-sofía), que más bien sería el pensamiento de lo real o del ser de los entes que están en el mundo (onto-logía). Los primeros filósofos fueron los llamados presocráticos, que trataron de averiguar el fundamento del orden del cosmos, aunque estrictamente la filosofía comienza con Platón y Aristóteles, que incluyeron en la comprensión de lo real aquellos asuntos que afectaban a los hombres. Platón concibió el conocimiento verdadero como la formación de una idea "clara y distinta" (según la posterior sentencia de Descartes) sobre algo, por lo que dedujo que el filósofo, que al fin y al cabo es alguien que esencialmente piensa, es decir, que es pensamiento, pertenecía a un mundo ideal, puramente espiritual y verdadero; mientras que el mundo natural era como una caverna, donde los hombres naturales eran tentados a dejarse guiar por las sombras (las opiniones naturales) en vez de emprender el camino del conocimiento. Es aquí donde la filosofía comienza a comprenderse como crítica de las opiniones establecidas y como esfuerzo de discriminación interna que se abre camino hacia una idea sobre algo real. La labor del filósofo es solitaria y asocial, pero el filósofo ha de volver a la ciudad a guiar al resto de los hombres. En esto es un iluminado. Aristóteles continuó y a la vez atacó a Platón, puesto que llegó a la conclusión de que el mundo no podía dividirse en dos, sino que era uno y que el hombre era el encargado de comprenderlo por medio del intelecto.
Los filósofos cristianos continuaron la filosofía de Platón y Aristóteles al remitir las Ideas a la fe cristiana en un Dios transcendente y bueno. Con el Renacimiento se produjo el giro desde Dios al hombre, entendido ahora como sujeto en la filosofía racionalista de Descartes, que descubre el método universal de la razón en la duda: la razón cuestiona todo aquello que se encuentra hasta llegar a una verdad cierta e indubitable que, en Descartes, consiste en que "yo pienso". Spinoza comprendió geométricamente la naturaleza humana, Leibniz dedujo el mejor de los mundos posibles, y Hobbes fundó racionalmente el Estado moderno, Razón universal de la supervivencia común. Al mismo tiempo que se extendía el racionalismo, una versión distinta surgía en Inglaterra: el empirismo, que basa el conocimiento en aquello que aprehendemos por los sentidos, es decir, en la experiencia de que "yo siento". Políticamente, esto tiene su correlato en el liberalismo, que defendió los derechos del individuo a la posesión de sí mismo y de su experiencia de una manera anteriormente desconocida, en un mundo acostumbrado a obligar a los individuos a someterse a las normas de su comunidad.
Las primeras críticas al racionalismo provienen de Rousseau, que sitúa la pureza del sentimiento frente a la razón pero que, al mismo tiempo, aplica el método racional a los problemas políticos y sociales de su época y, así, da con el concepto de voluntad general frente a las voluntades particulares de los individuos, concepto mediante el que se funda una sociedad justa e igualitaria. Sin embargo, las críticas de Rousseau al racionalismo y su excesiva valoración del sentimiento fueron una excusa para la posterior aparición del romanticismo, que se desvinculó del ideal de la voluntad general para limitarse al ataque de la razón fría y calculadoramente egoísta. Herder inauguró un tipo de relativismo cultural que asume diferencias irreductibles entre las culturas y los pueblos, por lo que ni los pueblos razonan igual ni pueden ser gobernados de la misma manera: con esto se reinstauraba la soberanía del pueblo pero en la versión nacionalista alemana del Volk (pueblo), por encima de los derechos de los individuos.
Kant fue el que emprendió una crítica del racionalismo desde los límites de la propia razón: al descubrir aquello que la razón podía lícitamente afirmar y aquello que tendía a afirmar ilegítimamente, Kant sentó las bases de la razón crítica y de su funcionamiento en el espacio intersubjetivo o social, un espacio abierto a la crítica de todos y donde no existe más autoridad que la de la propia razón conocedora de sus límites. Hegel recogió algunos de los argumentos kantianos sobre la razón, pero inmoderada e ilegítimamente (según la crítica kantiana) los utilizó para afirmar el Espíritu absoluto que se encarna en la Historia universal, para el que todo lo real es racional y todo lo racional es real, incluyendo el Estado de Derecho en que los individuos realizan finalmente su libertad. El sistema hegeliano era tan perfecto que produjo un efecto contrario al deseado, como observamos en sus dos consecuencias: por un lado, la crítica de Marx, para quien la libertad se encuentra enajenada en cada individuo y que únicamente la clase proletaria puede realizar mediante la revolución; por otro lado, los distintos brotes de irracionalismo inspirados en el romanticismo, tanto en el caso de Schopenhauer como en el de Nietzsche, portavoces ambos de la voluntad de la vida que se impone al individuo y le aplasta. El irracionalismo engendra la necesidad de destruir el mundo tal y como ha llegado a ser (individualista) y a los hombres tal y como han llegado a ser (individuos) hasta llegar a Heidegger, que con su nueva ontología no pretende ni la vuelta a Platón ni la vuelta a los presocráticos, sino una nueva forma de silencio místico que niega y destruye la comprensión discriminadora de la razón. Lo mismo puede decirse del otro gran filósofo del siglo XX, Wittgenstein.
En último término, dos filósofos sobresalen: Aristóteles y Kant, que se enfrentaron a la tarea de comprender lo real y a los hombres tal y como eran (al menos, tal y como eran cuando pensaban), sin hacerse en ningún momento ilusiones respecto a la razón. Se encuentran quizá todavía demasiado lejos de nosotros.
[Sin embargo, yo he despachado a Aristóteles ¡en dos frases! Espero sus respuestas y algún ataque enconado e iracundo que merezco].