lunes, 5 de marzo de 2007

Soso

Suso de Toro publica hoy un artículo auto-derogatorio sobre la inanidad política de los escritores.

Es tan absurdo que tiene gracia. "Narcisismo hasta la bulimia", lo llama él. Cita a no sé cuántos, mala señal que no lo recuerde.

¿Por qué no escribe esta semana, que ya toca, sobre la superioridad moral de la izquierda?

domingo, 4 de marzo de 2007

Savater y Lluch (Heidegger y Schlageter)

Hoy es un día tan bueno como otro cualquiera para recordar el artículo que Fernando Savater escribió recordando a Ernest Lluch después de su asesinato a manos de ETA. El artículo se publicó - y todavía puede leerse en www.elpais.es, si se busca - un 24 de noviembre de 2000. Se titula "Despedida".
En él, Savater se despoja de su gracia habitual y pregunta, con una tristeza que conmueve, lo siguiente: ¿Cómo decir una vez más que uno necesita a los adversarios tanto como a los amigos, que aquellos de quienes discrepamos, incluso con mayor cólera, son los puntos de referencia de nuestra cordura, que vivimos en democracia y hasta humanizados por la presencia forzosa de lo que más nos contraría? Pobre Lluch: y pobre de mí, de nosotros. (El subrayado es del autor).
Este texto bien puede contrastarse con aquel otro que escribió el profeta-filósofo Martin Heidegger en mayo de 1933, dedicado a Albert Leo Schlageter, el joven héroe alemán que una década atrás murió la más dificultosa y grandiosa de todas las muertes. Sí, Schlageter, el héroe de los Freikorps, murió fusilado por las tropas francesas tras volar un viaducto en el Ruhr. El soldado se sacrifica por el pueblo. Este texto de Heidegger, con otros, puede leerse en la Web en www.heideggeriana.com. Que no se diga que no hay acceso a la información.
¿Y bien?

viernes, 2 de marzo de 2007

España está triste

A De Juana le dejan volver al terruño, al parecer ya es definitivo. Y yo aún estoy noqueada por la noticia, o por la falta de ellas (he leído poco en los últimos días).
Rajoy dice que España está triste. Pero ¿quién es España? ¿Qué es lo que piensa? Aunque, ciertamente, Rajoy no habla de pensar, sólo de sentir. Gente se manifiesta en las calles con las banderas (una llevaba un toro). El estado general, sin embargo, invita a mi noqueamiento. O eso creo yo, que no sé nada. ¿La gente hablará más del ingreso hospitalario de Julián Muñoz? ¿Quién es la gente? Hace falta que algún periodista de verdad salga a la calle y lo diga. Que me lo pregunte: yo soy gente y no me entero.
Mientras tanto, De Juana parece que vuelve al terruño con su cara de mala ostia.

lunes, 26 de febrero de 2007

La frontera


Como esta noche han sido los Oscar - una vieja tradición para mí - aprovecho para poner una referencia a la que, en mi opinión, tal vez sea la imagen más bella y significativa de la historia del cine. Este tipo de jerarquías ya se sabe que son muy subjetivas, pero para mí, entre los grandes, John Ford clava la uña más adentro. Una de las razones de esto es que, a priori, ni el western ni los personajes aguerridos son mi fuerte sentimental. Me van más los dramas, las comedias románticas, y Hitchcock.


Pero a lo que iba. John Ford filmó Centauros del desierto (en inglés: The Searchers), una película entretenida y dura como un diamante, donde diversas capas de significación se descubren prácticamente sin necesidad de ningún subrayado. Es decir, verdadera poesía. A esa altura, es como si el vestido rojo de Adriana Barraza, soplado por el viento, en Babel, o el abrigo rojo del cadáver de la niña de La lista de Schindler, incluso el plano de una empequeñecida Julie Christie aplastada por un fresco de Stalin al final de Doctor Zhivago, fuesen recursos de una insoportable grosería. Nadie ha igualado todavía a Ford en esa película, ni siquiera su discípulo, Clint Eastwood, que no se queda atrás en dureza y concisión poética.


A lo que iba. La imagen inicial nos descubre una puerta abierta por la que unos personajes a contraluz esperan a otro, que llega. En un lado de la pantalla está el hogar; al otro, por entre la puerta abierta, el desierto bajo un cielo azul. La imagen final nos descubre la misma puerta y el personaje se va. Se detiene en la puerta abierta unos segundos, en la frontera, antes de marcharse. La melancolía es tal que a contraluz uno sabe que ese hombre no va a quedarse quieto y que, sin embargo, lo lamenta. Ninguna imagen resume mejor no ya la historia del Oeste americano, sino el choque entre la civilización y la barbarie así, despojado de palabras-tipo. Es eso lo que infunde terror, al mismo tiempo que fascina. Pero la historia se ve tranquilamente, incluso uno se ríe por momentos, porque no hace falta decir nada para que todos lo sepamos.

Qué gran invento esto del cine, donde supongo que lo popular y lo elevado coinciden de alguna extraña manera.

viernes, 23 de febrero de 2007

Otro incorruptible

La entrevista censurada de Quintero a José María García - que se puede ver en elmundo.es - no desvela nada más que el ruido. De García ya sabíamos dos cosas: su verbo antiguo y su vanidad. Por ningún lado he visto los insultos que se presentan como excusa para la censura, si dejamos de lado un par de adjetivos del tipo "impresentable", hoy día no demasiado ofensivos, para qué engañarnos.
García no es impresentable, y según él es incorruptible. Sin duda, es insoportable, pero hay quienes disfrutan oyéndole. En todo caso, no se equivoca cuando dice que el periodista o es plural o se ha vendido.

jueves, 22 de febrero de 2007

Ay...

EL PAÍS, al igual que El Mundo, es una plataforma. Lo de menos es que estemos de acuerdo con todo lo que nos venden, o no.
Importa lo de los corresponsales y los articulistas. Tal vez lo más grave de EL PAÍS sea que tenga cubriendo el juicio del 11-M, en plan corresponsal estrella, a Ernesto Ekaizer. Para comprobar sus habilidades, no hace falta otra cosa que leer su entrevista a Bob Woodward de hace unas semanas. Woodward parecía anonadado ante la ostentosa dirección de las preguntas. Y así escribe siempre Ekaizer, sea sobre Pinochet, Bush o el 11-M: dirigiendo la atención a sí mismo y a su precioso, matizado acento; abriendo las alas para mostrar sus colores brillantes y su lustroso afeitado de la mañana. Ay.
Sigo leyendo EL PAÍS y me niego a renunciar.

miércoles, 14 de febrero de 2007

Marianne Faithfull en Berlín

Marianne Faithfull, cantante y actriz, por algunos conocida por ser una "superviviente" de la década de los setenta, se llevó ayer una ovación en el Festival de Berlín. Ha hecho una peli (no sé si llegaremos a verla) sobre una abuela que se prostituye en el SoHo londinense para salvar a su nieto. Por lo visto, sale también en María Antonieta, de Sofía Coppola, que aún no he visto.
La Faithfull conoce bien el SoHo. Cualquiera que haya leído su autobiografía sabrá que lo frecuentó mucho e incluso vivió en sus calles en sus peores años de adicción a la heroína, pero que nunca fue prostituta, al menos en el sentido estricto. Cualquiera que conozca su carrera musical sabrá, también, que la Faithfull es descendiente de alemanes (su madre lo era) y que hace ya unos diez años publicó un disco con las canciones de Kurt Weill y Bertolt Brecht. Después hizo una gira que llamó "A Night at the Weimar Republic", con un ambiente que quería ser, en efecto, muy berlinés.
Tuve la oportunidad de verla esa noche weimariana en Madrid. Me impresionó mucho (era joven) y además estaba sentada cerca de Christina Rosenvinge. La Faithfull no cantó Sister Morphine, una de sus canciones más idolatradas; hace años que dejó de cantarla, no quiere que los que la escuchan la reconozcan sólo por haber sobrevivido a las drogas, ni tampoco quiere ese "halo" (que, de todas formas, siempre le adjudican) que, en realidad, acompaña el uso de drogas, su fascinación por la "mala vida". Aunque Sister Morphine es una gran canción, la honestidad de Faithfull al ocultarla de su repertorio actual impacta más porque todos sabemos que la canción sigue ahí. La escribió antes de ser drogadicta, cuando estaba fascinada por el efecto autodestructivo de las drogas. Es una buena canción, pero tiene el halo de la Faithfull superviviente. Justo el halo que ella pisotea.
La Faithfull es también la autora de uno de los mejores discos de los setenta, Broken English. Otro disco con halo. The ballad of Lucy Jordan obtuvo su muy justo y digno halo tras su aparición en la película Thelma y Louise, mientras Susan Sarandon y Geena Davis conducían por el cañón de Colorado. Dos mujeres enloquecidas. Un himno doble, al que sigue la superficial pregunta: ¿con cuál te quedas?
Con Geena. Bueno, con Marianne, en realidad. La mejor actuación de Geena Davis está en una peli que recomiendo a todo el mundo, El turista accidental. A Marianne, por su parte, la recomiendo en su versión del rollingstoniano As tears go by. This is the evening of the day... I sit, and watch the children play... Una canción con la que se hizo famosa más o menos a los veinte años. Ahora la canta mucho mejor.
Quizás le dedique otro post.